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Fijado Cerca: Karim
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Todas las experiencias que vivimos, absolutamente todas valen la pena, porque somos quienes somos por aquello que hemos vivido, somos quienes somos por aquello que otras personas dejaron en nosotros, pero somos completamente quienes somos gracias a aquello que hemos perdido, gracias a eso que ya no está con nosotros.

Nuestro trabajo es aceptar que somos irremediablemente incapaces de ofrecernos a nosotros mismos y a nuestros seres queridos la protección contra todo peligro, contra todo dolor, contra el tiempo perdido, contra la vejez o contra la muerte.

No hay pérdida que no implique una ganancia, un crecimiento personal, porque lo que sigue después de haber llorado cada pérdida, lo que sigue después de haber elaborado el duelo de cada ausencia, lo que sigue después de habernos animado a soltar, es el encuentro con uno mismo enriquecido por aquello que hoy ya no tengo, pero que pasó por mi y también por la experiencia vivida en el proceso.
Es horrible pensar que la perdida de un ser querido pueda ser una ganancia para nosotros, pero el dolor es tan saludable en nuestras vidas como lo es la tristeza; es tan constructivo como lo puede ser cualquier alerta de que algo se ha desacomodado. El dolor es el paso por un lugar no deseado. El sufrimiento es armar una carpa y quedarse a vivir en ese lugar indeseable. (Jorge Bucay)

El duelo es el pasaporte que nos saca del sufrimiento y que permite que el dolor pase. Es imposible dejar desear y querer poseer infinitamente y para siempre todo lo que deseamos, pero no somos omnipotentes y no podremos tener jamás todo lo que deseamos. Tenemos que aprender a entrar y salir del deseo. Tenemos que aprender a desarrollar la capacidad de poder entrar y salir sin quedarnos pegados en nuestros deseos.

Aprender es sobre todo aprender a soltar herramientas que ya no necesito, soltar personas que he perdido, soltar situaciones que se transforman soltar vínculos que cambian, etapas de la propia vida que han quedado atrás momentos que se han terminado. Cada uno de ellas han sido una perdida que hay que elaborar, etapas de una vida que ya han pasado y es nuestra responsabilidad que podamos enriquecernos con ellas al despedirlas.

Claro que cuesta trabajo soltar lo que no tengo, claro que cuesta trabajo soltar aquello que ya no está con nosotros. Claro que es trabajoso desligarse y empezar a pensar en lo que sigue, es el peor de los desafíos que implica ser un adulto sano y, sin embargo, no hay otro camino.

El camino es el del coraje y la fortaleza de la madurez, comprender que puedo afrontar lo que me pase y que, inclusive, puedo afrontar la idea de que alguna vez nosotros mismos no vamos a estar, quizá podamos por el camino, entender lo transitorio de todos nuestros vínculos.

Aceptar también algunas de las cosas que son mas difíciles de aceptar, que no somos infinitos, que hay un tiempo para transitar por este lugar y sobre todo que debemos hacer hoy las cosas que vamos dejando de lado.
Creo que este es un bueno momento para empezar a darnos cuenta que tenemos que expresar lo que sentimos, que tenemos que hacer lo mejor que podamos con las herramientas que tenemos y hacer que cada momento en esta vida cuente.

No esperes que un momento se convierta en recuerdo para poder valorarlo. No olvides que la vida está sucediendo ahora, cada día que pasa no es simplemente un día más, es un día menos. No lo malgastes!

(Texto inspirado en las enseñanzas del Dr. Jorge Bucay).